Comunicación, Empresas, Estrategia, Management
23 de diciembre de 2025
Eva Lamalfa y su especialidad en ESG y RSC, son dos de las nuevas incorporaciones a la II Edición del “Programa Ejecutivo de Comunicación corporativa y Branding” en la Escuela de Negocios CEU Castilla y León.
Durante más de 10 años fue Directora de comunicación de una conocida compañía vinculada a la Industria agroalimentaria en Castilla y León. En la actualidad es la Directora de comunicación y ESG en una importante de gestora de activos madrileña ¿Cuál es el papel y qué aporta el Environmental, Social and Governance en el ámbito de la Comunicación y la reputación corporativa?
El ESG tiene hoy un papel clave en la comunicación corporativa porque está directamente ligado a la credibilidad de las organizaciones. Ya no basta con expresar compromisos o intenciones: es necesario explicar qué se está haciendo realmente, con qué criterios y cómo se mide.
La sostenibilidad ha evolucionado de forma progresiva: primero fue voluntaria, después regulada y hoy es, sobre todo, medible. Este cambio ha transformado la manera de comunicar. La reputación ya no se apoya solo en el mensaje, sino en la calidad de los datos, en los procesos internos y en la coherencia de las decisiones que se toman.
Desde la Dirección de Comunicación, el reto está en decidir qué comunicar, cuándo y con qué nivel de detalle. Gestionar bien este equilibrio ayuda a anticipar crisis, responder con coherencia y evitar mensajes que puedan volverse en contra de la organización.
¿En qué consisten el Greenwashing y el greenhushing, y cómo se gestionan desde la Dirección de comunicación?
El greenwashing y el greenhushing son dos formas incorrectas de gestionar la comunicación en torno a la sostenibilidad. El primero consiste en exagerar o simplificar en exceso los mensajes relacionados con el ESG. El segundo, cada vez más habitual, es optar por no comunicar o hacerlo de forma muy limitada por miedo a no cumplir todos los requisitos o a ser cuestionado.
El propio desarrollo del ESG explica este cambio. A medida que la sostenibilidad se ha vuelto más regulada y más medible, muchas empresas han pasado de comunicar en exceso a guardar silencio. Sin embargo, ambos enfoques son problemáticos. Exagerar los avances daña la credibilidad, pero, ocultar los progresos reales, también genera desconfianza.
Desde la Dirección de Comunicación, la clave está en encontrar el equilibrio y alinear la comunicación con el grado real de madurez de la empresa en ESG: comunicar con rigor, apoyándose en datos y procesos reales, pero sin esperar a tener una situación perfecta. Explicar de forma honesta qué se está haciendo y qué queda por mejorar permite construir una reputación sólida y sostenible en el tiempo.
¿Cuáles son sus expectativas de cara a la impartición de sus especialidades en el “Programa Ejecutivo de Comunicación corporativa y Branding 2026”?
Mi principal expectativa es aportar una visión práctica y realista, que conecte con la realidad diaria de los alumnos desde su rol en sus compañías.
El enfoque es transversal y combina comunicación, sostenibilidad y contexto regulatorio, con el objetivo de entender cómo el ESG se integra en la estrategia y en la reputación corporativa.
Me interesa trabajar con casos reales, dilemas habituales y errores frecuentes: desde cómo comunicar un plan ESG en fases iniciales hasta cómo gestionar riesgos reputacionales y regulatorios.
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